The Study Of A Sculpture: Luis Biagi
La Piedad
Luis Biagi
Cuando me casé con Piero, jamás hubiera imaginado que entrar en su mundo significaba hoy para mi un despertar al arte. Durante 11 años habité y me sumergí en el espacio que habría sido el mundo creativo de su papá, Luis Biagi.
Cada mañana despertaba a lado de piedra, y no cualquier piedra, una que dibuja casas completas, adornaba los espacios, que se siente su elegancia desde lejos. Recuerdo mi baño completamente rosa de piso a techo. La madera de calidad que vestía toda una pared con un detalle minucioso, y que escondía una puerta secreta sellada.
Algunos de los muebles tenían si o si, de cualquier manera, la piedra que lo acompañaría toda su vida, de la que era experto y un gran artista: el mármol.
Al salir de mi puerta de madera de la casa con su chapa dorada, de esas de antes, entraba a otro mundo, el patio que una vez fue jardín, pero se fue convirtiendo con los años en su propio espacio sagrado.
El taller donde trabajaba todos los días, encendía su radio en amplitud modulada y lo dejaba sonar hasta que su jornada había terminado.
Al bajar la pequeña rampa después de la puerta, sirvió un tiempo para que la entrada de su mamá fuera más accesible para ella, después sirvió de bajadita divertida con los carritos de mis hijos.
En el fondo veía la casa de ellos, donde vivieron toda la vida, esa esquina blanca redondeada que enmarcaba una ventana y que otro tiempo fue puerta al jardín, llenita de bugambilias. Y a mi derecha, ella se encontraba ahí sobre tres pedestales enormes de piedra.
No sé si era el tiempo, o la importancia de qué tamaño era, o su peso, pero yo la tenía ahi, todos los días para recibirme, despedirme, inspirarme, y verla siempre, disponible para mi solita.
La Piedad, el hecho de que el señor Luis la tallara con sus manos, el paso del tiempo sobre la piedra, las expresiones de mamá e hijo, tocar su superficie arrugada… que simplemente de pensarlo la vuelvo a ver y sentir.
Piero una vez encontró la cámara que tenía su papá. Un estuche de piel viejo que tenía unos cuantos lentes, un flash, y su Minolta. Jamás dudé un segundo lo primero qué haría con ella.
Estas fotos no son el estudio a una escultura, es el reflejo de un legado, una historia, una persona, un artista, que me hace valorar la vida de Luis Biagi como nunca antes, porque es la historia que mis hijos llevan en la sangre, en el mundo artístico de su abuelo, al que nunca conocieron.
Mi casa, 2018.
… yo la tenía ahi, todos los días para recibirme, despedirme, inspirarme, y verla siempre…
Una obra puede cambiar de lugar. Una casa puede dejar de ser nuestra. Un taller puede quedarse en silencio. Las cosas que parecían formar parte de nuestros días, un día ya no están ahí.
Pero queda lo que alguien creó. Queda lo que alguien vio. Y queda lo que decidimos recordar.
Por eso, decidí que estas fotografías no se quedaran solamente conmigo.
The Study Of A Sculpture es una pequeña colección de obra fotográfica. Una historia que continúa pasando de una generación a otra.
Cada pieza de esta colección lleva el nombre de Luis Biagi como autor de la escultura. Es mi manera de conservar su historia.
Y una manera, de permitir que una parte de su obra encuentre una nueva pared donde seguir viviendo.