Celebrando dos cumples de una manera distinta
Cuando era pequeña, las fiestas en mi casa se hacían en grande, rentaban uno de esos salones enormes con alberca de esponjas, mis papás invitaban a todos los niños que podían y conocían, mi pastel era enorme y no se diga la piñata. Parece que yo no gozaba tantísimo porque en alguna foto salgo llorando a lado de la fresa gigante de piñata, yo con mi outfit y gorro de Rosita Fresita, sin esperanza.
Tengo algunos de los recortes de periódico donde explicaban cómo había sido mi fiesta y quien había ido, la narración deja mucho que desear pero qué tal que mi nombre jamás lo acortaron.
Mi nombre completo es Hilda Maria Arody, los primeros dos son nombres de mi mamá, que gracias a mi papá y su perseverancia de demostrar que eso haría que yo fuera hija de mi mamá; y el tercero, con el que me identifiqué toda la vida es el que en realidad mi mamá me quería poner. Toda una ironía. Nadie jamás usó los otros dos nombres, incluido mi papá.
Aro, Arody, Arito, y Aroda por molestar… “en buena onda”…
De vez en cuando me he topado con personas que inmediatamente al conocerme me dicen Arito, y esas personas me mueven algo por dentro. Es en realidad por el hecho de que solo mi mamá y mi papá así me decían en casa.
Mi mamá cumple el mismo día que yo, o al revés más bien. Esas enormes fiestas sucedían mientras ella también celebraba el suyo, y nunca me di cuenta hasta más grande, tal vez en secundaria donde ya no había tanto con qué festejar en grande, la salud de mi papá se deterioraba y estábamos en otro canal.
Foto: Lore Pardeiro
A mis 18 festejé en Santa María del Rio en la casa de mi tío, invité a mis amigas y fue el último cumpleaños que celebré con él. De ahí en adelante celebraba con mis amigas pero siempre comíamos en familia. Hice grandes fiestas mexicanas para hacer mi cumple en otro día. Ya con mis hijos me salía de viaje, llegaba a mediodía y partíamos el pastel con mi mamá.
Siempre pensando en dos.
Pero este año, lo vi muy distinto, más bien lo sentí. Me di cuenta que renegaba, organizaba distinto, me recluía y ahora sentí que era importante reconciliar el asunto.
Organicé una caminata, y estuvimos las dos juntas desde temprano, un sábado, disfrutando justo eso, estar juntas, cumplir el mismo día y sentirme muy afortunada de tenerla a mi lado.
El cerro me hablaba.
El cerro al que voy está a una cuadra (un poco larga) de mi casa, es el de la Sierra de San Miguelito, la calle topa con sus orillas, que aún no son usadas por la construcción y seguramente dejará de existir en algún tiempo, pero los que buscamos un poco de respiro lo aprovechamos mientras nos dure.
Desde que vas entrando, empiezas a subir entre piedras, no por nada la zona se llama Pedregal, y cada vez es diferente e impresionante cómo el cerro se va transformando en otro con el tiempo. Ya que llegas arriba, se siente otra cosa, volteas atrás y puedes ver toda la ciudad, se escucha la electricidad corriendo por los cables de alta tensión que unidos circulan toda la ciudad, el aire es distinto y el horizonte te jala. A donde quiere.
Los detalles de mi amiga Lore son especiales lo que le sigue.
Eso es justo lo que me gusta, que no hay destino, solo con observar el camino, el cielo, los animales que se nos cruzan, lo que cada una va platicando, ya con eso, el cerro hizo lo suyo.
Será que nos falta tanto dejar de ver el celular, de trabajar, de hacer lo que sigue en la lista que esto se siente tan delicioso.
El cerro me facilitó, por fin, aceptar la idea de que lo perfecto es lo que ya es: si, nací el mismo día que mi mamá, y no pasa nada. No se divide el amor, ni la atención, ni nada. Todo lo contrario, se multiplica y engrandece todo lo que nos rodea.
Gracias por acompañarme, estar presentes, y un especial gracias a Ali que no pudimos encontrarnos.
Mi mamá y cada una de las que fue ese día me enseñó algo y me lo quedo en el alma, gracias por compartirme su compañía, las aventuras juntas, su tiempo, las risas pero sobre todo las pláticas sobre tu historia, tus experiencias y valoro mucho el amor que existe entre nosotras desde el día uno que te conocí.